El latigazo cervical en el nuevo baremo de accidentes de tráfico

Hace unas semanas os desgranábamos en otro artículo, las principales novedades del Proyecto de ley de reforma del sistema para la valoración de los daños y perjuicios causados a las personas en accidentes de circulación.

Tal y como os adelantamos y también se puso de manifiesto a bombo y platillo en los medios de comunicación, el nuevo baremo introduce una mejora en las cuantías indemnizatorias por fallecimiento y las de los grandes lesionados, así como reconoce ope legis los conceptos indemnizatorios de lucro cesante y gastos sanitarios futuros, que ya estaban siendo aplicados por la jurisprudencia.

No obstante, causa estupor que tales noticiarios no se hayan hecho eco del tipo de lesión más común en los accidentes de circulación, -el coloquialmente denominado “latigazo cervical”-, y la regulación que le dispensa el nuevo baremo, cuando resulta según datos que maneja la Dirección General de Tráfico, que alrededor de 25.000 lesionados al año en siniestros viales, presentan traumatismos cervicales, lo que supone aproximadamente un 15% del total de heridos en accidentes de tráfico y 25 veces más que el total de fallecidos en el año 2013, conllevando un desembolso anual importante para las compañías aseguradoras, en concepto de indemnizaciones a tales víctimas.

Hasta la fecha, las indemnizaciones que percibían los lesionados por latigazo cervical derivado de un accidente de circulación eran más elevadas.

Pues bien, las suspicacias y la polémica se han desatado en el entorno de la abogacía española, por el tratamiento legal especial que se le pretende dar a esta patología en el nuevo baremo, mediante la inclusión de un precepto que viene a tratar como lesión temporal los esguinces cervicales que se diagnostiquen sólo con las manifestaciones de dolor del lesionado, sin posibilidad de verificación de pruebas médicas complementarias. Resulta al respecto que la norma no especifica qué se entenderá por tales pruebas, quedando además su reconocimiento supeditado a que se cumplan los criterios de causalidad médico-legal inherentes a toda lesión que deba valorarse, que aquí se transforman, al exigir que la manifestación de los síntomas se produzca en las 72 horas siguientes a la producción del siniestro, e incluyéndose un requisito de adecuación biomecánica entre la lesión sufrida y el mecanismo de su producción. La propia norma prevé también una excepción a la regla de valoración de estas patologías como lesión temporal: que un informe médico concluyente (sin definir tampoco qué ha de entenderse por tal) acredite la existencia de la patología como secuela.

En la práctica, los efectos que dicho artículo tendrá, serán por un lado, el rechazo automático de dichas lesiones por parte de las compañías aseguradoras, lo que muy probablemente inundará los órganos judiciales de pleitos en los que se discuta el nexo causal de las mismas, aún cuando consten en informes de urgencias u otro tipo de informes médicos de seguimiento, y por otro lado se traducirá en la necesidad imperiosa para los letrados de parte de contar con informes médicos periciales con los que poder enervar esa presunción iuris tantum de lesión temporal, que respecto del síndrome postraumático cervical establece el nuevo baremo, para el supuesto de que consideremos procedente su indemnización como secuela, lo cual abocará a muchas víctimas a aceptar las migajas que le ofrezca la aseguradora, privándoles de sus legítimas indemnizaciones, al incrementar los costes de litigar.

Una vez más, tristemente se pone de manifiesto la primacía de los intereses económicos sobre los derechos de los ciudadanos, plasmada en este caso en una clara injerencia legal, imponiendo una pésima solución que correspondería ofrecer en su caso a la ciencia médica.

Llama al 981 91 77 27 y consúltanos tu caso sin compromiso alguno. Mejoramos la indemnización que ofrece la aseguradora en el 99% de los casos.